viernes, 20 de noviembre de 2009

Camina

Sus botas chocaban contra el suelo al caminar. No había nada más. Ningún sonido. Sólo sus botas, sus pasos. Ni coches, ni gente, ni nada que pudiera distraerle de la melodía hipnótica de su camino. Caminaba, a decir verdad, por caminar. No tenía un rumbo fijo; simplemente había caminado hacia delante con la certeza de que así, tarde o temprano, todo pasaría, con la esperanza de que sus músculos entumecidos dejasen de doler.
Eran las tres de la mañana. O las cuatro, quizás. La cuestión es que hacía frío, pero incluso esa era una sensación placentera después de haber malgastado casi tres horas tumbado en la cama, revolviéndose inquieto entre sábanas que se pegaban a su piel. Así que caminó, concienciado en no pensar. Caminó mirando la ausencia de coches en la carretera que seguía, las casas cada vez más alejadas con las luces apagadas. Las tres de la mañana. Las cuatro quizás, sí. Y no había un solo alma despierto.
Excepto él, que caminaba y por primera vez se regocijaba en su propio insomnio, con la vista fija en el frente al principio, observando de reojo los semáforos que cambiaban de color para nadie. Caminó unos 90 minutos. O unas diez horas. O unos diez días. Lo más probable es que sólo fueran sesenta minutos, pero sus ojos cansados y deseosos de cerrarse le impidieron en todo momento mirar al reloj.
No supo por qué paró cuando por fin sus piernas se detuvieron. A lo mejor su cuerpo ya no respondía. A lo mejor fue por su llegada al polígono que le permitía ver toda la ciudad a escala de playmóbil. Pero se detuvo y, despacio, se dejó caer en el bordillo de la acera.
Los semáforos autistas y unas pocas farolas fueron las únicas luces que le devolvieron la mirada. Las casas, y la gente con ellas, parecían haberse apagado.
Poco me importa que digan que tengo un problema por no dormir por las noches”, pensó, apoyando su cabeza entre sus manos, resguardándose del frío en un improvisado abrazo a sus piernas. “El problema lo tienen ellos, si ven cómo está el mundo y aún así logran conciliar el sueño
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Porque a algunos, a veces, nos cuesta dormir.

7 plumas:

Anónimo dijo...

Genial, como siempre. Es como comerse una delicatessen, no te apetece que se acabe.
Besos
pi

Dana Andrews dijo...

Muy bueno, sobretdo el final dirigido a los que pueden conciliar el sueño. También me gustó el ambiente de bohemia, madrugada y noche que se puede disfrutar en tus palabras. Me ha agradado éste relato especialmente ahora que estoy sufriendo algunas noches de insomnio. Enhorabuena

Javier Romero Arbizu dijo...

El primer párrafo narrado lentamente por una voz dulce y suave yo creo que ayudaría a dormir. lol

Anónimo dijo...

Magnífico, es un placer leerlo.
Ra

Anónimo dijo...

jara el peloteo de tu blog me abruma

E

El de siempre dijo...

de peloteo nada, la que vale, vale.

:)

Anónimo dijo...

Me encanta la forma que tienes de expresarte, detallando cada situación...hasta parece que te acompañemos caminando de madrugada por las calles solitarias. :)