lunes, 16 de noviembre de 2009

Carta a Eva

(...)
A decir verdad, no tengo ni idea de si te has montado alguna vez en un tren de cercanías. Probablemente no, pero pienso que deberías hacerlo. En realidad… qué coño, Eva, creo que es el único lugar del mundo que merece la pena que visites.
Son feos a rabiar y emiten un sonido estridente; por no hablar de sus asientos, que son pura piedra, pero en cuanto se cierran las puertas y el tren avanza… no sé. Tengo la teoría de que ahí se forma un microcosmos. Una especie de universo alternativo, breve e intenso, donde la gente deja de sentirse observada. Es como si existiera algún tipo de consenso social que dijera que todas esas estúpidas normas de comportamiento no han de aplicarse sobre los raíles. Nada de cordialidad, sonrisa pintada, pudor o eso de "encantado de conocerte". En el tren eso da igual. El que quiere leer, no te mirará a la cara. Leerá y punto, no importa que lleve maleta y corbata, pues abrirá su libro de poemas y, por un momento, mandará todo a la mierda.
El que quiera, escuchará música; y probablemente no usará auriculares. Al igual que el que hable por teléfono dejará que sus más privadas conversaciones hagan eco en las paredes del cercanías, perfectamente consciente de que nadie le escucha aunque puedan oirle.
Y mi favorito, Eva, mi favorito simplemente cierra los ojos. Se deja balancear, mecido en el balsámico movimiento del tren sobre la vía, rendido completamente a su momento de soledad, rodeado de gente que, por un momento, parece que ni siquiera exista. Todos, unos y otros, en un consenso absurdo, olvidan y se dejan ser. Se rinden. Tal vez sea porque resulta agotador ser hipócrita las veinticuatro horas al día. Qué se yo.
En cualquier caso, yo soy de esas que en el cercanías irrumpe en su autismo y les observa a todos con los ojos como platos. Por llevar la contraria, supongo.
Lo que quiero decirte es que esto sí deberías verlo. Esto sí, Eva. Esto sí. Porque por unos instantes, ocho minutos, poco más, una mira a su alrededor y recupera la confianza en poder reconocerse en rostros ajenos.
Tal vez sí lo veas. A lo mejor. O quizás, aunque no puedas, sabrás reconocer el silencio por encima de sus gritos.
---Prólogo (J.S)
Novela en construcción =) pero aquí queda esto

7 plumas:

Elena dijo...

yo observo y escucho las conversaciones, aunque un poco de soledad de vez en cuando no le viene mal a nadie. me gusta mucho, ya lo sabes, y pensar que todo empezó una tarde de lluvia en Villablino...jajajaj

Dana Andrews dijo...

Yo también me considero un observador de la fauna que habita en los cercanías. El último que habité fue un trayecto que me llevaba desde Madrid a Segovia...se me había olvidado mi reproductor de música (que escucho con auriculares) y me dediqué a la práctica del discreto mirón. Es interesante. Esto y deseando que se construya la novela...

Anónimo dijo...

Me encanta que vuelvas a la novela y desde luego me encanta como "suena"...no lo dejes.
Pi

Javier Romero Arbizu dijo...

Ha leido esto android? jajaj. A mí me ha encantado. Y me he sentido muy identificado con el hecho de descubrir ese ignorado microcosmos dentro de un transporte público xDD.

Por cierto, no me queda claro, ese es el prólogo de tu nueva novela?

Jara dijo...

jajaja no lo ha leído, pero se lo enseñaré :D
no es el prólogo de la novela. la novela se llama prólogo. (por llevar la contraria, yo también)

=)

Laeryn dijo...

¿Prólogo, eh? Me gusta como título. Ya estoy deseando leer esa novela, sólo con estas líneas que has puesto aquí.

Yo soy de las de la música. Me pongo los cascos, la mirada perdida y a dejarme llevar. Me encanta viajar en tren. :)

Un beso, guapa :)

juanja dijo...

Como mola cebo cuando empiezas con tus neuras indies de niños ricos con trastornos.